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Ya llegó el verano, ya llegó el calor… y el cuerpo pide alegría en el plato

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Hay veranos que empiezan en el calendario. Sin embargo, otros empiezan en la piel. En ese momento en que sales a la calle, notas el sol en los hombros y todo cambia de ritmo. De pronto apetece ropa ligera, colores vivos, terraza, fruta fría y canciones que saben a vacaciones.

Es un instante muy de “Eva María se fue buscando el sol en la playa”. También tiene algo de ese “ya llegó el verano, ya llegó el calor” que todos hemos cantado alguna vez. Y, además, tiene ese punto suave de Summertime, cuando el día parece más largo y la vida va mejor.

Con el calor, el cuerpo pide luz. Por eso también pide otra manera de comer. Más fresca. Más ligera. Más alegre.

Adiós al drama de la operación bikini

Y entonces aparece el clásico de cada año: la operación bikini. Llega con prisas, con presión y con esa idea de que ahora toca sufrir un poco. De repente, pensamos en dietas, gimnasio y reglas imposibles.

Pero el verano no debería sonar a castigo. Al contrario, debería sonar a placer. A cocina fresca. A tomates con sabor. A un gazpacho bien frío. A una ensalada bonita en una mesa al sol.

Por eso, en lugar de entrar en modo drama, quizá lo mejor sea cambiar de canción. Menos culpa y más sentido común. Menos obsesión y más disfrute.

Comer bien también puede ser una canción del verano

Comer saludable no tiene por qué ser triste. De hecho, puede ser todo lo contrario. Puede ser una de las cosas más apetecibles del verano.

Piensa en una ensalada de tomate, cerezas, queso fresco y albahaca. Tiene color, frescura y alegría. El tomate pone la base. La cereza entra con un toque dulce. Luego el queso fresco suaviza. Y la albahaca lo remata todo. Es como una canción pegadiza. Fácil, fresca y feliz.

También está la crema fría de calabacín con yogur y menta. Aquí el ritmo cambia. Todo va más suave. Más tranquilo. Más elegante. Es de esos platos que no necesitan llamar la atención para gustar mucho.

Y, por supuesto, está el gazpacho. Ese sí que es un himno del verano. Refresca, despierta y sienta bien. Además, si le añades sandía, cambia de tono y se vuelve aún más divertido.

El placer de sentir el sol y comer algo rico

Hay placeres pequeños que lo arreglan todo. Por ejemplo, llegar a casa con calor y tomar la primera cucharada de algo frío. O sentarte en una terraza y notar el sol tibio en la piel. O cortar un tomate bueno, ponerle un poco de sal y descubrir que no hace falta mucho más.

Ahí está la clave. Sentirse bien no siempre tiene que ver con hacer más. A veces tiene que ver con hacer mejor. Comer mejor. Elegir mejor. Disfrutar más.

Además, el verano ayuda. Las frutas están en su mejor momento. Las verduras apetecen de verdad. Todo tiene más color. Más agua. Más vida. Por eso comer bien en esta época resulta mucho más fácil.

Recetas con buen rollo para sentirse bien

Una tostada de pan bueno con aguacate, sardina ahumada y limón puede ser una comida sencilla y deliciosa. Tiene sabor, textura y frescura. Además, te deja esa sensación de haber comido bien sin pesadez.

Una ensalada de lentejas con pepino, tomate y cebolla morada también funciona muy bien. Es fresca, completa y perfecta para los días de calor. Y, además, demuestra que comer saludable no es comer aburrido.

Otra buena idea es un bol de arroz con mango, pollo a la plancha y salsa de yogur. Aquí hay energía, color y equilibrio. Es un plato alegre. De esos que entran bien y dejan buen cuerpo.

Después, para cerrar, nada como un yogur natural con fruta de verano. Unos albaricoques, unas cerezas o un poco de melón pueden convertir un final simple en un momento redondo.

Productos de temporada que saben a verano

El verano tiene su propia banda sonora. Pero también tiene su propia despensa. Y esa despensa viene cargada de cosas buenas.

Llegan los tomates de verdad, los pepinos crujientes, los calabacines tiernos, la sandía, el melón, las cerezas y las frutas de hueso. Todo parece más bonito. Más fácil. Más apetecible.

Por eso la cocina de temporada tiene tanto sentido. No solo porque el producto sabe mejor. También porque hace la vida más simple. Cuando el ingrediente está en su momento, casi se cocina solo.

Cuidarse sin dejar de disfrutar

Durante mucho tiempo, se nos ha vendido la idea de que cuidarse significa renunciar. Sin embargo, cada vez está más claro que no es así. Cuidarse puede ser un acto de placer. Puede ser una comida rica. Puede ser una receta fresca. Puede ser sentarte a la mesa y salir contenta.

Ese es el cambio importante. No se trata de comer con miedo. Se trata de comer con ganas. De elegir platos que sienten bien. De aprovechar el verano para llenarse de color, de sabor y de ligereza.

Así que, cuando vuelva a sonar la vieja canción de la operación bikini, quizá lo mejor sea bajar el volumen. Y poner otra música. Una con más luz. Más alegría. Más verano de verdad.

El verano también se come

El verano sabe a muchas cosas. Sabe a sol en la piel. A ventana abierta. A fruta fría. A gazpacho. A una ensalada que cruje. A una comida ligera que te deja seguir el día con buen humor.

Por eso este año la idea es simple: menos presión y más placer. Menos castigo y más cocina de temporada. Menos tristeza en el plato y más alegría en cada bocado.

Que suene “Eva María”, que llegue el calor y que entre el verano hasta la cocina. Y que, además, nos encuentre comiendo rico, fresco y sin dramas.

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