Hay días para pedir ensalada templada, agua con gas y prometer que el lunes empieza una vida nueva. Y luego está el Día Come lo que quieras, que se celebra cada 11 de mayo y llega para recordarnos algo bastante revolucionario: comer también puede ser placer, memoria, capricho y alegría sin pedir perdón.
La idea no es comer hasta arrepentirse. Es justo lo contrario: elegir bien el antojo. No cualquier tortilla: la tortilla. No una croqueta de compromiso: una croqueta que haga callar la mesa. No un bocadillo de calamares turístico y triste: uno que se coma con vistas a la Plaza Mayor y dignidad castiza.
Madrid es perfecta para esto porque vive en modo antojo casi todo el año. Tiene barras, mercados, tabernas, casas centenarias, ramen, hamburguesas, tartas y esa capacidad tan suya de convertir cualquier excusa en sobremesa.
Tortilla: Colósimo, poco cuajada y con mucho criterio
La tortilla de patata es un asunto serio. Hay quien discute la cebolla como si estuviera reformando la Constitución. Pero si hablamos de antojo fino, Colósimo entra de cabeza. Tortilla poco cuajada, con cebolla confitada y patata.
Aquí la tortilla no va de barra rápida, sino de placer medido. Jugosa, elegante, con ese punto en el que el huevo todavía tiene algo que decir.
Antojo recomendado: tortilla de patata.
Para quién: quienes no quieren “un pincho”, sino una pequeña declaración de principios.
Croquetas: Santerra, la bechamel como género literario
Sus croquetas siguen siendo uno de esos antojos que justifican una visita. La croqueta perfecta no presume: cruje, se abre, se derrumba y te recuerda que la bechamel bien hecha debería tener club de fans.
Antojo recomendado: croqueta de jamón.
Para quién: quienes saben que una croqueta buena puede arreglar una semana regular.
Bravas: Taberna y Media, el picante con traje bueno
Las bravas de Taberna y Media tienen una virtud poco común: son reconocibles, pero no previsibles. En su carta aparecen como las patatas bravas cremosas de Alejandro, y el restaurante está en la calle Lope de Rueda, en pleno entorno de Retiro.
Aquí la patata no va de barullo de barra sin más. Tiene técnica, salsa, intención y ese punto gamberro que una brava nunca debería perder. De hecho, Taberna y Media ganó el primer Concurso Internacional de Elaboración de Patatas Bravas con sus “Bravas cremosas de Alejandro”, y en 2025 volvió a aparecer en el radar con un premio especial a la estética por sus “Milhojas bravas de otoño”.
Antojo recomendado: bravas cremosas de Alejandro.
Para quién: quienes quieren bravas, sí, pero con un poco de espectáculo bien entendido.
Bocadillo de calamares: Los Galayos, el clásico con vistas
El bocadillo de calamares es una prueba de fe madrileña. Madrid no tiene playa, pero decidió freír calamares junto a la Plaza Mayor y convertirlo en identidad. Para este mapa, mejor Los Galayos: casa histórica en Botoneras, junto a Plaza Mayor, y una de las direcciones clásicas para este bocata. El bocadillo de calamares es un clásico de la casa. Tapas Magazine lo incluye entre los mejores de Madrid, destacando su versión con pan de chapata y calamares fritos en aceite de oliva.
Es más cómodo, más casa, más sentarse a comer Madrid sin hacer cola como si regalaran la Puerta del Sol.
Antojo recomendado: bocadillo de calamares.
Para quién: quienes quieren Plaza Mayor, calamar y caña sin perder las formas.
Ensaladilla: Casa Rafa, cuchara fría y parroquia fiel
La ensaladilla tiene algo de prueba de confianza. Parece sencilla, pero se nota enseguida cuándo hay mano, producto y memoria detrás. Para este mapa, la elección es Casa Rafa —oficialmente Restaurante Rafa—, una casa clásica de Narváez donde la ensaladilla rusa, también disponible con ventresca de bonito.
No es una ensaladilla de postureo ni de espuma con nostalgia. Es cremosa, reconocible, de las que se piden “para compartir” y luego generan una pequeña disputa silenciosa por la última cucharada. El País la incluyó entre sus ensaladillas imprescindibles de Madrid y habló de una auténtica legión de seguidores.
Antojo recomendado: ensaladilla rusa con ventresca de bonito.
Para quién: quienes saben que el lujo también puede venir en plato frío y con mayonesa.
Burger: Hundred Burgers, carne seria para un día sin excusas
La hamburguesa ya no es solo comida rápida. En Madrid se ha convertido en un género propio: pan, carne, queso, salsa y esa felicidad primaria de morder algo que tiene argumento. Hundred Burgers presume en su web de haber sido elegida mejor hamburguesa del mundo por The World’s Best Burgers.
Es un antojo directo, sin rodeos y con una virtud enorme: no necesita explicación larga. Si apetece burger, apetece burger.
Antojo recomendado: cheeseburger.
Para quién: quienes quieren morder el día por el centro.
Ramen: Chuka Ramen Bar, caldo para abrazar por dentro
No todo antojo tiene que ser frito. A veces el cuerpo pide un bol caliente, profundo y con cara de solución. Chuka Ramen Bar trabaja caldos espesos y largos, con bases que se cocinan durante muchas horas. Es el tipo de plato que no se come deprisa: se habita.
Antojo recomendado: ramen tonkotsu o el bol que pida el día.
Para quién: quienes necesitan vapor, cuchara y silencio.
Chocolate con churros: San Ginés, el antojo sin horario
Hay placeres que no envejecen porque nunca fueron modernos. Chocolatería San Ginés lleva sirviendo chocolate con churros desde 1894, a pocos pasos de la Puerta del Sol.
Sirve para desayunar, merendar o cerrar una noche con dignidad. El chocolate con churros es una forma muy madrileña de decir: “mañana ya veremos”.
Antojo recomendado: chocolate con churros.
Para quién: quienes no creen en horarios para lo dulce.
Tarta de queso: Álex Cordobés, el final feliz
Todo mapa del placer necesita una tarta. Álex Cordobés ha convertido la tarta de queso en objeto de deseo madrileño, con versiones que van de la tradicional a sabores como pistacho, chocolate blanco, dulce de leche u Oreo.
Aquí no venimos a “tomar algo dulce”. Venimos a por tarta de queso. Cremosa, rotunda y con ese poder de bajar el volumen de una mesa durante unos segundos.
Antojo recomendado: tarta de queso tradicional.
Para quién: quienes siempre miran la carta de postres antes que los entrantes.
Cómo celebrar el Día Come lo que quieras sin acabar mal
El truco está en no confundir libertad con atracón. Comer lo que quieras no significa comer cualquier cosa ni comer hasta no poder más. Significa elegir algo que te apetezca de verdad.
Un plan posible: tortilla en Colósimo, bravas si el día pide picante, bocadillo de calamares en Los Galayos y tarta de queso para rematar. Otro: un solo antojo, pero elegido con precisión quirúrgica.
La clave es que haya placer, no culpa.
Madrid, ciudad del antojo
Madrid no tiene mar, pero tiene bocadillo de calamares. No tiene complejos, pero tiene bravas. No sabe decir “solo una croqueta”, pero tampoco hace falta exigirle tanto.
El Día Come lo que quieras es una excusa perfecta para reconciliarse con el placer bien elegido. Para salir a la calle, pedir eso que llevas días pensando y recordar que comer también puede ser una forma de estar contento.
Sin culpa. Sin sermón. Sin prometer que mañana será distinto.
Mañana ya veremos. Hoy toca antojo.





