Madrid, en San Isidro, tiene dos velocidades. La oficial, que te habla de programa, escenarios y horarios. Y la verdadera, que consiste en ir enlazando planes como si la ciudad se hubiera puesto mantón, vermú y altavoz. Este año las fiestas van del 7 al 17 de mayo y vuelven a desplegarse por la Pradera de San Isidro, Las Vistillas, Plaza Mayor y Matadero, con conciertos, actividades castizas, pasacalles y fuegos artificiales. La buena noticia es que no hace falta elegir entre lo popular y lo divertido. En Madrid, durante estos días, suelen ser la misma cosa.
Empieza en la Pradera, porque San Isidro sin Pradera es solo mayo bien vestido
El plan serio arranca en la Pradera de San Isidro, que sigue siendo el corazón popular de la fiesta. El 15 de mayo, día del patrón, hay pasacalles de la Federación de Grupos Tradicionales Madrileños. Empieza a las 10:00, con recorrido hacia la Ermita del Santo. Después llegan la entrega de claveles y regalos entre las 12:00 y las 13:00. Durante la tarde continúan las actuaciones castizas en el recinto. Además, el escenario familiar programa ese mismo día “Mi fiesta castiza” al mediodía y actividades infantiles por la tarde. Todo esto, conviene decirlo, con acceso libre.
Aquí lo correcto es no ponerse exquisito demasiado pronto. San Isidro pide limonada y rosquillas listas y tontas, exactamente como recuerda la propia agenda oficial. Si quieres llegar con los deberes hechos, puedes comprarlas antes en El Riojano o en Horno San Onofre, dos clásicos que siguen trabajando las rosquillas de San Isidro dentro del calendario dulce madrileño. Te las llevas, te sientas un rato, miras a la ciudad haciendo de sí misma y entiendes que la verbena bien llevada sigue siendo una forma muy decente de civilización.
Luego toca aperitivo: el vermú no es un descanso, es parte del recorrido
Cuando el fervor castizo ya te haya dado lo suficiente, lo inteligente es volver hacia el centro y hacer una parada como Dios y el Ayuntamiento mandan. Si quieres una opción muy de Madrid y muy cerca del eje Austrias–Palacio, Casa Revuelta sigue siendo una apuesta segura: bacalao rebozado, torreznos, vino en frasca y vermut refrescante, todo ello a dos pasos de la Plaza Mayor. Si prefieres algo más de taberna literaria y menos codazo, Casa Alberto en Huertas mantiene el vermut de grifo elaborado en la propia casa y una cocina madrileña con bastante historia detrás. Y si te apetece afinar el aperitivo hacia el Jerez, La Venencia sigue especializada en manzanillas y finos, acompañados de mojama, aceitunas, anchoas o encurtidos. No es exactamente un vermú, pero sí una pausa gloriosa.
Después eliges tu tarde: Vistillas para el nervio, Plaza Mayor para el gran plano general
Aquí Madrid te obliga a tomar decisiones sentimentales. Si quieres una tarde con más calle, más mezcla y un punto de electricidad, sube a Las Vistillas. El 15 de mayo acogen los 46º Premios Rock Villa de Madrid, uno de los certámenes históricos para talento emergente, y esa misma noche actúa Camellos. Además, el día 16 la cosa sigue con Mari Pepa de Chamberí, una sesión vermú, Las Dianas y Triángulo de Amor Bizarro. Es decir, tradición y guitarras compartiendo acera, que es una fórmula muy madrileña de entender la fiesta.
Si, en cambio, te tira más el gran escenario y el Madrid monumental haciendo de anfitrión, entonces la ruta pide Plaza Mayor. El 14 de mayo tienes el concierto del 60 aniversario de LOS40, con Miguel Ríos, Alejo Stivel, The Refrescos, Sole Giménez, Celtas Cortos, OBK, Amistades Peligrosas, Marilia, Nena Daconte y DePol. Y el 15 de mayo, ya en clave más castiza, la Banda Sinfónica Municipal de Madrid rinde homenaje a Sara Montiel junto a Nuria Fergó. No es mala manera de recordar que Madrid, cuando quiere, puede pasar del chotis a la radiofórmula sin despeinarse.
La noche tiene final oficial, que en San Isidro significa fuegos
A las 23:59 del 15 de mayo hay fuegos artificiales en el entorno del Paseo de la Ermita del Santo, 74, dentro del programa oficial de las fiestas. También habrá cierre pirotécnico el 17 de mayo, pero si vas a hacer el maratón serio, el del día del patrón es el remate natural: ciudad cansada, zapatilla ya resentida, algo de azúcar todavía en sangre y ese momento en que Madrid decide terminar la jornada tirando luces al cielo como si aún creyera en los finales.
Si te queda gasolina, aún hay más Madrid de San Isidro
San Isidro no es solo el 15. En la Pradera, del 8 al 17 de mayo, pasan por el escenario artistas como Fangoria, Rubén Pozo, David Otero, Demarco Flamenco, Las Ketchup y Los Chunguitos. El 16 de mayo toca, además, Fangoria, que ya es una razón bastante seria para volver a ponerse castizo pero con eyeliner. Mientras tanto, el programa oficial incluye también actividades de folclore, juegos, teatro familiar y propuestas populares repartidas por varios espacios. La conclusión es sencilla: no hace falta vivir en 1890 para disfrutar San Isidro; basta con no hacerte el interesante.
Dónde comer sin equivocarte demasiado
Si quieres verbena y césped, quédate con la Pradera y hazlo en modo clásico: limonada, rosquillas y algo de picoteo portátil. Si prefieres un aperitivo muy castizo antes de moverte al centro, Casa Revuelta funciona por cercanía, rapidez y honestidad. Si el cuerpo te pide un vermú más pausado y con plato madrileño, Casa Alberto es mejor plan. Y si eres de los que piensan que un vaso de fino a tiempo arregla casi cualquier jornada, entonces La Venencia te va a parecer una idea excelente. No son sitios nuevos ni falta que hace. En San Isidro, la modernidad bien entendida consiste muchas veces en saber a qué barra volver.
El resumen, por si quieres ir al grano
Empieza en la Pradera. Pilla rosquillas. Mira el pasacalles. Aguanta un rato de casticismo sin cinismo. Baja luego a por un vermut o unos soldaditos de Pavía. Decide si tu tarde pide Rock Villa en Las Vistillas o Plaza Mayor con nostalgia bien amplificada. Y remata con los fuegos. No hace falta hacerlo todo, pero conviene hacer bastante. San Isidro es de esas fiestas que Madrid no celebra para los turistas: las celebra para recordarse a sí misma que todavía sabe salir a la calle sin convertirse del todo en una marca





