HomeTendenciasEstilo de vida♦♦TresPiedras, una bodega familiar con alma en Fuentecén

♦♦TresPiedras, una bodega familiar con alma en Fuentecén

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Hay bodegas que se visitan. Y hay bodegas que se sienten como una casa. TresPiedras, en Fuentecén, pertenece a esa segunda categoría. El proyecto de Jorge Arandilla nació en la Ribera del Duero burgalesa a partir de una historia familiar, de viñas viejas y de una forma de trabajar muy pegada a la tierra. La bodega arrancó con la añada 2016 y hoy sigue construyéndose desde el viñedo, desde la memoria y desde un vínculo muy fuerte con el pueblo y su paisaje.

Viñas viejas, viñas rescatadas y una forma muy personal de crecer

Lo primero que entendimos en la visita es que aquí nada parece impostado. Nos enseñaron viñas viejas familiares, pero también viñas compradas en Wallapop, viñas cedidas por antiguos viticultores y parcelas compradas a personas mayores que ya no podían seguir trabajándolas. Esa suma dice mucho de la identidad de TresPiedras. No parece una bodega levantada a golpe de gran inversión. Parece un proyecto construido con paciencia, con intuición y con mucho respeto por lo que otros habían cuidado antes.

Esa mirada también define el trabajo en el campo. La casa habla de recuperación de viñedos históricos, viticultura sostenible y una defensa clara de las parcelas singulares. Además, en sus viñas no solo aparece tempranillo. También conviven albillo mayor, garnacha, bobal o malvasía. Todo eso da al proyecto una personalidad muy propia dentro de Ribera del Duero.

Las bodegas subterráneas de Fuentecén, un viaje al origen

Otro de los momentos más potentes de la visita fue bajar a las bodegas subterráneas. Allí el ritmo cambia. La temperatura, el silencio y la profundidad del lugar obligan a mirar el vino de otra manera. En Fuentecén, estas construcciones forman parte de una tradición muy antigua. Algunas se remontan al siglo XVIII y fueron excavadas para conservar el vino en condiciones estables durante todo el año.

Entrar en ellas ayuda a entender que el vino aquí no es una novedad ni una estrategia de marca. Es una continuidad. Es parte de la vida del pueblo. Y TresPiedras, en ese sentido, no inventa un relato. Lo recoge y lo prolonga.

Una comida familiar que explica mejor que nada el proyecto

Después llegó uno de esos momentos que terminan de dar sentido a una visita. Compartimos mesa con sus padres, con su hermano y con parte del personal de la bodega. Y ahí todo resultó todavía más claro. Lo que teníamos delante no era solo una empresa vinícola. Era una familia.

La comida fue sencilla y memorable. Había embutidos de bellota, una ensalada casera, sin florituras, y un cordero al chilindrón que olía a comida de domingo. No había artificio. No hacía falta. Todo sabía a casa, a cocina hecha con calma y a hospitalidad verdadera.

En el jardín de la parte inferior de la bodega estaban incluso los tractores de juguete de sus hijos pequeños. Ese detalle, aparentemente mínimo, explica muchísimo. TresPiedras no ha separado del todo el vino de la vida cotidiana. Y ahí está una parte de su encanto.

La anécdota de Tim Atkin y las lentejas de casa

Nos contaron también una historia preciosa. Cuando fue a catar Tim Atkin, le preguntaron qué quería comer. Después de varios días de cordero y comidas contundentes, respondió que le apetecía algo más casero y ligero, como unas lentejas. Y eso fue exactamente lo que le prepararon después de la cata.

Las cocinó la madre de Jorge, una mujer guapa, con esa clase de presencia serena que llena una casa sin levantar la voz. Aquellas lentejas, según nos contaban, le hicieron sentirse como en casa. La anécdota no es menor. Resume muy bien el espíritu del proyecto: recibir bien, cocinar con verdad y no confundir hospitalidad con espectáculo.

Todos los vinos de TresPiedras

TresPiedras, o cuando una bodega todavía se parece a una casa

La visita también permite entender bien la estructura de sus vinos. TresPiedras trabaja hoy con dos grandes familias.

Por un lado está Nobbis, el vino que representa el origen del proyecto. Es un tinto elaborado con una selección muy pequeña de las mejores uvas de tempranillo de la casa. Tiene algo de vino fundacional, de carta de presentación y de declaración de intenciones.

Por otro lado está la gama Unanimous, donde el viñedo se vuelve más parcelario y más preciso. Ahí aparecen Unanimous Pago de San Vicente, Unanimous Finca La Tejera, Unanimous Finca La Maricana y el blanco Unanimous Santa Cruz Albillo Mayor. Cada uno de ellos parece contar una parte distinta del paisaje y de la historia de Fuentecén y su entorno.

Especialmente interesante es Santa Cruz Albillo Mayor, porque aporta otra respiración al conjunto. Frente a la imagen más robusta que a veces se asocia a la Ribera, este blanco introduce finura, frescura y una dimensión muy gastronómica. No cuesta imaginarlo acompañando una cocina casera, una conversación larga o incluso esas lentejas familiares que forman ya parte del pequeño imaginario de la casa.

TresPiedras, una bodega real en Ribera del Duero

Lo mejor de TresPiedras es que no parece querer ser otra cosa. No busca la solemnidad del lujo. Tampoco la perfección pulida de los proyectos diseñados para impresionar desde fuera. Tiene algo más valioso: cercanía, verdad y una personalidad muy definida.

Esa verdad está en las viñas recuperadas una a una. Está en las bodegas subterráneas. Está en los padres, en el hermano, en el equipo y en los niños que dejan tractores de juguete en el jardín. Y está, por supuesto, en los vinos: Nobbis, Pago de San Vicente, La Tejera, La Maricana y Santa Cruz.

Por eso uno sale de allí con una sensación muy concreta. Ha visitado una bodega, sí. Pero también ha entrado en una historia familiar que sigue viva.

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