Desde los “Founding Fathers” hasta hoy, la Casa Blanca ha sido escenario de grandes decisiones y brindis memorables. Presidentes amantes del vino, cenas de gala con etiquetas de lujo y alguna que otra anécdota de las que hacen historia. Vamos a descorchar esta historia y servirla bien fresquita.
La cena secreta de Thomas Jefferson
París, 1790. Thomas Jefferson, aún sin ser presidente, organiza una cena secreta con Alexander Hamilton y James Madison. Como si fuera una escena de “Downton Abbey“, pero con intrigas políticas de alto nivel. Arrancan con Hermitage blanco y Carbonnieux. Luego, Chambertin acompañando un “boeuf à la mode”. De postre, helado en hojaldre y un champán sin burbujas, el mismo con el que Jefferson conquistó a George Washington.
Washington amaba el madeira. No era un capricho, era una necesidad. Cerraba todas sus cenas de gala con una copa de este vino fortificado. Cuando llegó a la presidencia, su primera orden fue llenar la bodega de la Casa Blanca. ¿Y a quién puso al frente de las compras? A Jefferson, que no dudó en traer barricas de Champagne, Burdeos y, por supuesto, madeira.
James Madison y el champán
Madison tenía claro su elixir favorito. En “Mint Juleps with Teddy Roosevelt“, Mark Will-Weber dice que consideraba al champán “el vino más delicioso del mundo”… pero también el que peor resaca dejaba si te pasabas con las copas.
Monroe y el escándalo del vino
James Monroe tuvo un pequeño problema de presupuesto. Después del incendio de la Casa Blanca, el Congreso le dio 50.000 dólares para redecorarla. Envió a un emisario a Francia con la misión de comprar muebles. Pero este decidió que el vino también era “decoración” y gastó una buena parte del dinero en 1.200 botellas de Borgoña y champán. Monroe acabó vendiendo su plantación para pagar el desastre y murió arruinado en casa de su hija. Mala inversión.
Franklin D. Roosevelt y el fin de la Ley Seca
Si hay un brindis presidencial con más significado, es el de Franklin D. Roosevelt en 1933. Con una sonrisa y una copa en la mano, celebró el fin de la Ley Seca con un simple “What America needs now is a drink“. Su elección para ese momento histórico fue un martini, pero su administración impulsó el renacimiento de la industria vinícola estadounidense, especialmente en California.
Kennedy, el 007 del vino
Jacqueline Kennedy adoraba los vinos franceses. En sus cenas de gala no faltaban Pouilly-Fuissé, Château Haut-Brion y Veuve Clicquot. A JFK le gustaba Dom Pérignon por una razón curiosa: lo vio en “Dr. No” y decidió que si era bueno para James Bond, también lo era para él. Incluso lo sirvió en un encuentro con Konrad Adenauer. Clásico movimiento de espía.
Nixon, el tramposo del vino
Richard Nixon amaba los grandes vinos, especialmente Château Lafite Rothschild y Château Margaux. Pero tenía un truco cutre: en cenas de gala, hacía que los camareros sirvieran vinos baratos a los invitados, mientras él bebía los buenos. Cubría las etiquetas con servilletas para que nadie sospechara. Un detalle feo para un presidente con gusto refinado.
Reagan y la revolución del vino americano
Ronald Reagan fue el gran embajador del vino estadounidense. Beaulieu Vineyards, Robert Mondavi, Stag’s Leap,… Si se producía en Napa o Sonoma, Reagan lo servía. Cuando visitó a la Reina Isabel II, ella le sirvió vino de Firestone Vineyard, de California. Un guiño diplomático con mucho cuerpo.
Bill Clinton y el vino argentino
Clinton tiene hasta una uva con su apellido. Le apasiona el vino y lo demostró en reuniones clave. Cuando se reunió con Sergio Massa para hablar de la estrategia argentina con el FMI, le regalaron una caja de “The President” de Escorihuela. Sabían que el exmandatario es un enamorado del Malbec.
Obama y el “vino de Obama”
Barack Obama también dejó su huella en el mundo del vino. En 2018, en una cumbre vinícola en Oporto, habló sobre el papel del vino en la protección del planeta. Pero su mayor impacto fue en la Gala de la Hispanidad en Washington, donde sirvió un vino de Ribeira Sacra. Las ventas de esta DO se dispararon y “The Daily Beast” lo bautizó como “el vino de Obama”.
Trump y la obsesión con su bodega
Donald Trump tiene su propio viñedo: Trump Winery en Virginia. Aunque en su momento dijo que no bebía, su bodega ha sido protagonista de múltiples eventos en la Casa Blanca. En cenas oficiales, sirvió vinos estadounidenses, aunque no hay evidencia de que los de su propia bodega se incluyeran en el menú. Sin embargo, en más de una ocasión ha presumido de su “tremendo, increíble” viñedo en ruedas de prensa, asegurando que hacía los mejores vinos. La crítica enológica no es tan entusiasta.
Biden y el vino en tiempos de moderación
Joe Biden es un conocido abstemio. No bebe alcohol y ha sido firme en su postura desde siempre. Sin embargo, su administración no ha dejado de lado la tradición de servir grandes vinos en cenas de Estado. En una cena con Emmanuel Macron, se sirvieron etiquetas de primer nivel, demostrando que aunque Biden no beba, sabe que el vino es parte de la diplomacia.
De George Washington a Biden, la Casa Blanca ha sido testigo de decisiones históricas, cenas legendarias y muchos descorches memorables. Porque si hay algo claro es que la historia y el vino siempre han ido de la mano.





