HomeNoticiasNacionales♦♦Los 48, una deuda familiar servida en mágnum

♦♦Los 48, una deuda familiar servida en mágnum

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Con Antonio Barbadillo es difícil hablar solo de vino. Empiezas por una manzanilla y, cuando quieres darte cuenta, estás en una bodega del siglo XIX, luego en el Bernabéu, después aparecen unos dados publicitarios, una abuela a la que su padre apenas conoció y 48 bocoyes de roble que llevaban décadas esperando que alguien volviera a acordarse de ellos.

Antonio cuenta las cosas así, como si no estuviese contando nada extraordinario. Quizá por eso funcionan.

La última historia se llama Manzanilla Los 48, aunque de última tiene poco. Fue la primera marca que quiso recuperar cuando empezó su proyecto personal. No pudo hacerlo entonces por cuestiones de registro y tuvo que tomar otro camino. Así nació Sacristía AB, pero Los 48 se quedó dando vueltas. Hay ideas que tienen la mala educación de no marcharse.

Una marca que venía de familia

“Siempre he querido recuperarla”, me cuenta. Y ahí la conversación cambia de tono, porque la marca pertenecía a Bodegas Francisco García de Velasco, la familia de su abuela paterna, María del Carmen García de Velasco Pérez.

La casa había sido fundada en 1803 y llegó a comercializar vinos del Marco de Jerez y brandis dentro y fuera de España. Los 48 alcanzó su mejor momento durante la primera mitad del siglo XX y se embotelló como manzanilla fina y como manzanilla pasada. El nombre tampoco necesita demasiadas vueltas. Se llamaba Los 48 porque en la antigua bodega había 48 grandes bocoyes de roble. Fin del departamento de naming. A veces las mejores marcas nacen cuando nadie está intentando parecer ingenioso.

Antonio Barbadillo viene con vino de serie

Antonio no llegó al mundo del vino por casualidad. Su padre, Antonio Barbadillo García de Velasco, fue ingeniero agrónomo y presidente del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda. En 1982 figura oficialmente entre los presidentes elegidos de los consejos reguladores y todavía en 1987 aparece ejerciendo el cargo.

Creció entre botas, vinos y una forma muy concreta de entender Sanlúcar. Después hizo lo que hacen algunos hijos de familias con mucha historia: buscar su propio sitio dentro de ella. En 2010 creó Sacristía AB junto a su familia para seleccionar y embotellar vinos andaluces con identidad propia. Desde entonces ha ido construyendo una manera muy personal de trabajar, sin demasiada ceremonia y con bastante más criterio que marketing. Y además es divertido. Eso, en el vino, debería puntuar.

Del Bernabéu a unos dados publicitarios

La historia de Los 48 también tiene sus objetos. En la familia se hablaba de publicidad de la manzanilla en el estadio Santiago Bernabéu. Antonio conserva incluso un juego de dados publicitario de mediados del siglo pasado. Dados con la marca de una manzanilla. Hoy probablemente harían falta seis reuniones, una agencia y un QR. Entonces alguien imprimió Los 48 en unos dados y siguió con su vida.

La actividad bodeguera fue desapareciendo durante la segunda mitad del siglo XX. Finalmente, el negocio se vendió en los años ochenta y la marca terminó fuera del mercado. Durante décadas, nada. Aunque las marcas familiares nunca desaparecen del todo si queda alguien empeñado en recordarlas.

Recuperar sin disfrazarse de 1930

Volver a ponerla en circulación tenía un riesgo evidente: convertirla en una reliquia. Etiqueta antigua, discurso de bisabuelos, cuatro palabras sobre el legado y todos a casa. Antonio ha elegido otra cosa. Ha querido recuperar el espíritu de Los 48 sin disfrazarla de 1930.

La antigua marca tuvo versión fina y versión pasada. La nueva busca un punto intermedio que Sacristía AB denomina manzanilla olorosa, recuperando un término antiguo para esas crianzas que se movían entre ambos estilos. Lo que quería encontrar era bastante concreto: poca oxidación, mucha flor, levadura, sal, albariza y ese punto de tiza y bajamar que hace que Sanlúcar se reconozca en una copa antes incluso de leer la etiqueta.

No pretendía hacer una réplica arqueológica de Los 48. Quería reconocerla.

201 botas para encontrar un perfil

Para esta primera saca se partió de una solera de 201 botas jerezanas de 500 litros en Bodegas Covisan. Se cataron y se clasificaron 69. Después se extrajo la misma pequeña cantidad de cada una hasta completar aproximadamente cinco botas destinadas al embotellado. Ese dato explica bastante bien el vino.

No se buscó una bota estrella para contar una historia bonita. Se buscó un perfil. Un equilibrio. Algo que tuviera memoria sin saber a museo.

La manzanilla lleva más de cinco años de crianza mediante el sistema de criaderas y soleras y se embotella en rama con un ligero filtrado.

Palomino fino, 15 grados y Sanlúcar haciendo lo suyo.

En nariz aparecen levadura, masa de pan, almendra y manzana. En boca, salinidad, albariza, camomila y ese amargor final que recuerda por qué una manzanilla bien hecha no necesita hacerse simpática.

Está para abrir otra copa.

Un mágnum para que la botella siga pasando

Los 48 solo se embotella en mágnum. Un litro y medio. Hay una razón de conservación, naturalmente, pero otra bastante más interesante: Antonio quiere que sea un vino de copas, de barra y de mesa. Que llegue el mágnum, se sirva una copa y la botella siga circulando. Además, el formato separa Los 48 de Sacristía AB y evita que ambas manzanillas terminen peleándose en la misma estantería.

La primera edición suma 1.620 mágnums, en cajas de cuatro.

Cuando aparece su padre

Durante la conversación, Antonio vuelve varias veces a su padre. Cuando lo hace, desaparece un poco la guasa.

Antonio Barbadillo García de Velasco dedicó buena parte de su vida profesional al vino y presidió durante años el Consejo Regulador del Jerez y la Manzanilla. Pero su relación con Los 48 era anterior a todo eso. Era la marca de la familia de su madre. Una madre a la que prácticamente no llegó a conocer. Ahí cambia la historia.

Antonio está recuperando una manzanilla que perteneció a la familia de la abuela que su padre perdió demasiado pronto. No hace falta añadir violines. La botella ya lleva bastante dentro.

Una foto antigua, sin nostalgia prefabricada

La banda de Los 48 recupera una fotografía de la antigua fachada familiar. Delante aparece una banda de música. Antonio calcula que la imagen es de finales de los setenta, quizá primeros ochenta. En la fotografía está ese Sanlúcar en el que una bodega formaba parte de la calle igual que una tienda, un colegio o una casa.

Hoy la imagen vuelve convertida en parte de una botella. Me gusta porque no intenta fabricar nostalgia. Está ahí porque aquello ocurrió. Como los 48 bocoyes. Al igual que los dados o el Bernabéu. Como un padre llevando a un niño entre botas sin saber que, muchos años después, ese niño acabaría buscando una manzanilla desaparecida para volver a ponerla en circulación.

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