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♦♦Barrio de la Estación de Haro, cierra los ojos y empieza el viaje

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Cierra los ojos. Cuando los abras estás en el Barrio de la Estación de Haro. Delante de ti, una locomotora de vapor. De las de verdad. Está sobre las vías, frente a Bodegas Muga, acompañada por dos enormes fudres que en otro tiempo servían para transportar vino hasta Burdeos. No has entrado en una película ni hemos retrocedido siglo y medio, aunque por momentos lo parezca. La locomotora está allí para recordar por qué existe este lugar.

En la segunda mitad del XIX el ferrocarril empezó a sustituir a carros y caballerías. Haro quedó conectado con nuevos mercados y alrededor de su estación comenzaron a instalarse bodegas y almacenes. Al mismo tiempo, el oídio y después la filoxera destrozaban parte del viñedo francés. Llegaron comerciantes desde Francia buscando vino. Se encontraron con cosecheros riojanos, empresarios, familias vascas y unas vías de tren capaces de llevar las barricas mucho más lejos.

Aquello era un cruce de caminos en el sentido más literal de la expresión. Entre 1877 y 1901 fueron apareciendo López de Heredia, CVNE, Gómez Cruzado, La Rioja Alta y Bodegas Bilbaínas. Había también fábricas de aguardiente, jabones y abonos, viñas entre los almacenes, trabajadores, mercancías entrando y saliendo. Muga se trasladaría al Barrio en 1970 y RODA llegaría después, en 1987.

Hoy se camina por esas mismas calles bastante más tranquilamente.

Y no, no hace falta beber vino

Barrio de la Estación de Haro: cierra los ojos y empieza el viaje

Conviene aclararlo porque todavía asociamos enoturismo con una peligrosa sucesión de copas. Puedes subirte a una bicicleta eléctrica y recorrer los viñedos. Muga propone rutas en eBike, con picnic incluido, e incluso recorridos en segway. También puedes cambiar las ruedas por una cesta y contemplar La Rioja desde un globo.

El vuelo comienza al amanecer. Ahí arriba importan bastante poco las preferencias de la copa. Están las viñas, el Ebro, los campos, la Sierra, la luz de primera hora y ese dibujo ordenado de las parcelas que desde el suelo resulta imposible ver.

Así que tranquilos. Montar en bicicleta entre viñedos o volar en globo es perfectamente compatible con beber vino y con no beberlo.

RODA propone otra forma de acercarse al entorno con El vino en su paisaje, un recorrido de unos seis kilómetros desde la bodega hasta el viñedo Perdigón, en uno de los meandros del Ebro. Y si seis kilómetros nos parecen excesivos para un fin de semana, también tiene paseos en calesa por la viña.

Todo empieza a parecer bastante menos una excursión exclusiva para winelovers.

También hemos venido a comer

Barrio de la Estación de Haro: cierra los ojos y empieza el viajePorque viajar abre el apetito con una puntualidad admirable.

Nublo, en una casa palacio de la ciudad, tiene 2 Soles Guía Repsol. Alboroque, en la Plaza de la Paz, tiene 1 Sol. Dos buenas excusas para alargar el día antes de volver al Barrio.

Y allí conviene entrar de nuevo.

Una bodega, una historia

En CVNE el recorrido pasa por la Aldea del Vino, el patio alrededor del que fue creciendo la casa desde 1879, y por naves centenarias vinculadas a Eiffel. La arquitectura cuenta buena parte de la historia incluso antes de llegar a las barricas.

En Gómez Cruzado cambia la escala. Es la bodega más pequeña del Barrio y, además, acaba de ampliar sus espacios manteniendo la piedra, las proporciones y los tejados del conjunto histórico. Pequeña, sí. Pero con 140 años detrás.

Bodegas Bilbaínas, por su parte, conserva frente a la estación el antiguo Despacho de Vinos de los hermanos Sauvignon, de 1859, hoy convertido en Wine Bar. Después aparecen la terraza y un jardín de 5.000 metros cuadrados. Un buen lugar para comprobar que también se puede visitar una bodega mirando hacia fuera.

Barricas, velas y maderaBarrio de la Estación de Haro: cierra los ojos y empieza el viaje

En La Rioja Alta, S.A. todavía fabrican sus propias barricas en Haro con roble americano secado al aire durante dos años. Además, cada seis meses realizan la trasiega artesanal, barrica a barrica, utilizando la luz de una vela para controlar el vino. Aquí el tiempo sigue teniendo bastante trabajo.

RODA añade una sorpresa distinta, la fotografía. Su visita incluye la exposición Maridajes, realizada con la Fundación Foto Colectania. Después, el Balcón del Ebro abre la mirada hacia el río y el paisaje.

Y en Muga cambia incluso el olor. La casa mantiene un maestro cubero y tres toneleros propios que fabrican allí tinos y barricas. Mientras trabajan la madera, se entiende bastante mejor por qué una bodega puede visitarse también con los ojos y la nariz.

Entonces sí. Ya podemos hablar de vino

La nueva campaña “Tu Mundo es El Barrio” quiere contar este lugar de otra manera. El vino sigue ahí, naturalmente. Pero alrededor están la arquitectura, las familias, la gastronomía, las viñas, el río, la bicicleta y ese globo que espera a primera hora de la mañana.

Si te gusta el vino, además, tienes bonus extra. Pero eso ya te lo esperabas.

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