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Día Nacional del Vino, planes baratos, vinotecas y bodegas diferentes

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El Día Nacional del Vino se celebra el 25 de mayo. Y sí, es una excusa estupenda para abrir una botella, montar una cata en casa o escaparse a una bodega. Pero con una condición, que el vino acompañe el plan, no que se convierta en el protagonista pesado que acaba dando discursos en la cocina.

Porque celebrar el vino no significa beber más. Significa beber mejor, compartir, probar cosas nuevas y descubrir botellas con historia. Además, no hace falta arruinarse. Hay vinos estupendos por menos de diez euros, denominaciones de origen poco conocidas y bodegas asequibles que merecen mucho más foco.

Este año, además, la fecha coincide en Madrid con The Best of Tim Atkin MW Spain 2026, el salón creado por Tim Atkin, uno de los grandes nombres internacionales del vino. Es un guiño perfecto para recordar que España vive un momento brillante en el mapa vinícola. Pero no hace falta irse a etiquetas imposibles para disfrutarlo. A veces, el vinazo está en una D.O. pequeña, cuesta poco y aparece en la mesa diciendo, “hola, soy la sorpresa de la noche”.

Ahora bien, pongamos el mantel de la sensatez. El vino tiene cultura, paisaje y gastronomía. También es un alimento obtenido por fermentación alcohólica de uva o mosto. La palabra clave es alcohólica. Por tanto, no es agua con poesía. La regla es sencilla, poco, bueno, con comida y sin coche. Incluso si te comes un kilo del alimento más sano del mundo, acabarás regular. Con el vino pasa igual.

Una botella en casa, planazo sin postureo

Un buen plan es montar una cata en casa. Pero sin convertir el salón en una oposición a sumiller. Compra tres botellas distintas. Saca queso, pan, aceitunas, conservas y algo de tortilla. Después, deja que familia y amigos adultos jueguen a adivinar.

Para empezar, mira hacia Terra Alta. Allí la garnacha blanca va sobrada de elegancia. Un blanco de garnacha puede ir genial con aperitivos, ensaladilla, pescado o patatas fritas buenas. Sí, las patatas también merecen una noche elegante.

Luego puedes saltar a D.O. León. Allí mandan la Prieto Picudo y la Albarín, dos uvas con más personalidad que algunos protagonistas de serie. Un rosado de Prieto Picudo va de maravilla con croquetas, empanadas o embutido suave.

Después, prueba D.O. Manchuela. La Bobal está viviendo su momento de “perdona, que yo también sé salir guapa”. Un tinto joven de Bobal funciona con pizza casera, verduras asadas, hamburguesas buenas o charla larga.

También puedes mirar a D.O. Almansa, con Garnacha Tintorera y Monastrell. Aquí hay tintos con cuerpo, fruta y carácter. Van muy bien con arroces, setas, quesos curados o una barbacoa organizada por alguien responsable. Siempre hay uno. Conviene localizarlo pronto.

Vinos baratos y D.O. menos conocidas

La idea no es abrir la botella más cara. La idea es abrir la que trae conversación. Busca referencias de Manchuela, Almansa, Bullas, Uclés, Calatayud, León, Terra Alta, Arribes o Ribeira del Júcar.

Por ejemplo, en Manchuela puedes encontrar vinos de Bobal muy ricos por menos de diez euros. En Almansa hay tintos con Monastrell y Garnacha Tintorera que no se andan con tonterías. En Bullas, la Monastrell murciana tiene ese punto mediterráneo que pide mesa, pan y amigos. En Calatayud, las garnachas de altura llegan con fruta, frescura y cara de “yo costaba menos de lo que esperabas”.

Además, estas denominaciones tienen una ventaja. No están tan manoseadas por el postureo. Por eso, muchas veces ofrecen buena relación calidad-precio. Menos etiqueta dorada. Más sorpresa en la copa.

Catas, porque aprender también puede ser divertido

Otra opción es una cata guiada. Es perfecta si quieres descubrir vinos nuevos sin fingir que hueles “piedra mojada en tarde de divorcio”. En una buena cata te explican uvas, aromas, zonas y maridajes. Además, puedes preguntar sin miedo.

También puedes escupir el vino. No es feo. Es profesional. De hecho, es la diferencia entre aprender sobre vino y acabar explicándole tu infancia al camarero.

♦♦Día Nacional del Vino, planes para brindar sin acabar abrazando una farola

Puedes elegir una cata de espumosos, una de vinos generosos o una de variedades raras. También puedes pedir una cata de vinos baratos y buenos. Esa frase debería estar en todas las agendas culturales del país.

Ruta de vinotecas, el safari urbano del corcho

Si no quieres salir de la ciudad, monta una ruta de vinotecas. Pero con orden. Una copa por parada, algo de comer y paseo entre locales. Nada de “otra ronda y nos vamos”. Esa frase jamás ha terminado en una decisión brillante.

En Madrid puedes mirar sitios como Bendito, Vinos y Vinilos, La Alquimia, Masa Vins, Gota, La Fisna, La Canibal, Ganz, Angelita o Vinology. Son planes para probar cosas distintas, preguntar y dejarte recomendar. Madrid tiene cada vez más bares de vino natural y vinotecas con etiquetas menos previsibles.

En Barcelona, apunta Canvis Nous, en el Born, con más de 300 referencias y alma local. También suenan Bar Brutal, Bar Salvatge, L’Anima del Vi, Gresca o Macot, Bar a Vins, perfectos para salir del vino de siempre.

En Valencia, Taberna Teca tiene enoteca con vinos locales, nacionales e internacionales. Además, en 2026 la ciudad celebra URbanitas del Vino, con catas, maridajes y encuentros gastro entre mayo y junio.

Y en Bilbao puedes fichar CORK, en Licenciado Poza, o Gastronomía Bilbao, con muchas referencias por copa. Vino, pintxo y paseo. Más civilizado, imposible.

Bodegas diferentes para escaparse

Si quieres convertir el brindis en viaje, el enoturismo es la jugada. Pero no hace falta empezar por bodegas de hotelazo y arquitectura de premio. También hay visitas sencillas, cercanas y con mucho encanto.

En La Manchuela, la ruta ofrece visitas como Bodega La Cepa de Pelayo, con visita guiada y cata por 10 euros para adultos, y Bodega y Viñedos Moratalla, con visita y cata por 15 euros. También aparece Vega Tolosa, con experiencia entre viñedos de Bobal por 15 euros. Perfecto para aprender, probar y no salir temblando al pagar.

Otra opción es Bodega Andrés Iniesta, en Fuentealbilla. Su visita guiada aparece desde 10 euros para adultos, con recorrido por instalaciones y cata. Tiene ese punto curioso de “vine por el vino y también por el mito futbolero”.

En Jumilla, Bodegas Luzón ofrece visita por 14,50 euros por persona, con horario de lunes a domingo a las 11. También puedes mirar Bodegas San Dionisio, cooperativa fundada en 1957 en Fuente Álamo, dentro de la D.O. Jumilla. Aquí la Monastrell no viene a posar. Viene a comer.

En Cuenca, Bodega Las Calzadas, en Pozoamargo, trabaja con tinajas de barro, viñedo, cata y restaurante. Enoturismo Spain la sitúa en un rango de 15 a 50 euros. Es una opción diferente para quien quiere algo artesanal y rural, sin entrar en modo palacio.

Y si buscas paisaje con efecto “apaga el móvil”, mira Arribes del Duero. La ruta combina bodegas familiares, catas, cruceros y cañones del Duero. Es menos alfombra roja y más territorio. Más paseo, más piedra, más cielo y menos pose de anuncio.

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